“El Mutualismo Paso a paso”
Libro publicado en el año 2001, escrito por Julio César Montoya, ya fallecido y Azucena Vélez.
Este es el capítulo sobre la historia del Mutualismo
Este libro fue escrito teniendo presente a un grupo grande de personas: estudiantes, líderes comunitarios, trabajadores sociales, políticos, sacerdotes, profesores universitarios, etc.,
que laboran con especialidad en los estratos populares y que encauzan su acción hacia el desarrollo y el mejoramiento del mundo pobre.
Por esta razón y ante la ausencia de libros que lo expliquen de una manera sencilla y clara,
nos empeñamos en la tarea de elaborar un texto que sirva como herramienta para los promotores del desarrollo popular.
Ante lo que se ha llamado 'capitalismo salvaje', con las funestas consecuencias de degradación de la persona humana: egoísmo, individualismo, consumismo, concentración de la riqueza, exagerado ánimo de lucro, despilfarro y ostentación, pérdida de valores (droga, alcoholismo, mafia, violencia, prostitución, etc.) hay que anteponer principios asociativos que nos eduquen en solidaridad, compasión (tal vez el más noble de los sentimientos humanos), fraternidad y cooperación, que nos permitan un acercamiento directo con el otro: con el familiar, el amigo, el vecino, el conciudadano. Hacia este logro conduce la doctrina mutualista.
Se hace indispensable que construyamos un mundo con un ser humano convencido de que su bienestar está unido necesariamente al bienestar de los otros y que aplique aquello de que ayudando hoy a los demás adquiero el derecho para que me ayuden en el mañana. Sencillo enunciado, que llevado a la práctica por una asociación de personas, sintetiza la esencia doctrinaria del mutualismo. Si todos trabajamos unidos nuestras cargas y pesadumbres serán más llevaderas.
En este sentido el mutualismo mejora la condición humana más que otros sistemas solidarios, por ejemplo, el paternalismo estatal termina adormeciendo o impidiendo la iniciativa individual y crea personas dependientes de un Estado al que suponen todopoderoso; la caridad, las limosnas y el asistencialismo promueven la pereza y la abulia de la gente, porque se enseñan a que todo les llega sin el menor esfuerzo. Esto no quiere decir que estas formas de ayuda no sean necesarias y válidas, especialmente en casos de extrema pobreza,pero lo preferible es que la gente haga un esfuerzo con su aporte personal, en lo cual se fundamenta el mutualismo, es convocatoria a la superación colectiva.
El mutualismo fue traído a Colombia por los misioneros católicos en la época de la Colonia como parte de la organización parroquial con el nombre de Mutuo Auxilio. Consistía en un fondo para enterrar a los indigentes y a los más pobres de la población. Por múltiples razones, que se desarrollarán en el libro, la idea no recibió el apoyo necesario para expandirse, pero se mantuvo como iniciativa popular, como una flor silvestre, sin que ninguna institución, llámese Estado, Iglesia o gobiernos se hubieran preocupado por darle vida jurídica.
Solamente en 1989, ¡cuatro siglos después!, y teniendo como marco la Ley cooperativa se expide el decreto 1480 que le permitió existencia jurídica a multitud de mutuales populares que funcionaban como sociedades de hecho. Como existía gran dispersión conceptual, porque cada comunidad adoptaba sus propias normas, ha sido muy difícil en tan corto plazo, que se adopten reglas claras y uniformes para este subsector de la economía solidaria.
En nuestro trajín de años de mutualismo hemos palpado el desconocimiento, casi total, a todos los órdenes socioeconómicos y educativos de lo que implica la filosofía mutualista, por ello, y como enamorados y convencidos de las bondades de esta herramienta para el desarrollo y el mejoramiento de los estratos populares nos hemos atrevido a poner a disposición de los lectores este trabajo, que esperamos sea de utilidad.
Un lento y arduo trasegar
Mientras que la mayoría de los animales han cambiado poco su comportamiento, el hombre ha evolucionado en forma sorprendente y ello se debe a su capacidad de pensar, de memorizar y de comunicarse con los demás. La inteligencia, la memoria y el lenguaje han sido las capacidades por excelencia que le han permitido al hombre observar la naturaleza, investigar sus fenómenos, inventar cosas nuevas, cambiar hábitos y costumbres y transmitir la cultura a las generaciones siguientes.
Sabemos que los pre homínidos llevan más de un millón de años sobre el planeta por los hallazgos de restos fósiles en diferentes continentes, pero la historia escrita del hombre es reciente, apenas unos 6000 años, o sea, que se tardó mucho tiempo para que la inteligencia humana inventara el alfabeto y la escritura. Lo que significa que la evolución biológica ha sido más lenta que la evolución cultural.
En lo relativo a la formulación y reconocimiento de la democracia, también se ha requerido un proceso lento, y aún no acabado. Aunque se encuentran vestigios de sistemas democráticos en la antigua Grecia, muchos fueron los pensadores que contribuyeron a su formulación teórica, apenas viene dándose como forma de gobierno desde hace poco más de 200 años con la independencia de Norte América (1776), y la Revolución Francesa (1789), cuando se eliminó la monarquía y se estableció un gobierno presidido por un presidente elegido mediante el voto popular y basado en reconocimiento de la igualdad, la libertad y la fraternidad.
Objetivos:
De tiempos remotos a la civilización
Los primeros sentimientos de amor, afecto y solidaridad de la especie humana surgen entre la familia, los grupos primarios o la tribu, es decir, entre las personas que son más cercanas por parentesco, amistad o convivencia comunitaria. El hombre primitivo enfrentó en forma colectiva los rigores del medio geográfico para defenderse de las fieras, de otras tribus y para cazar animales o recolectar frutos para su alimentación.
Por la competencia con otras tribus por territorio y por alimento, en especial cuando éste era escaso, se luchaba por dominar y excluir a quienes intentaban arrebatar lo que se poseía. Quien triunfaba se erigía en jefe, y en la medida de su ambición y de los medios que poseía para hacer la guerra anexaba pueblos y territorio a sus dominios hasta convertirse en rey, monarca o emperador de una región. Y es la narración de estos procesos de dominación lo que ocupa la mayor parte de la Historia, hasta el punto de reducirla a una sucesión de conflictos, guerras, dominaciones, dinastías etc.
La conclusión es que en el ser humano conviven dos sentimientos encontrados:
de un lado todo lo relacionado con el amor, la fraternidad, la solidaridad, la ayuda;
del otro, el odio, la envidia, la dominación, la competencia, la violencia.
Los sentimientos relacionados con el amor, inspiran compromisos de ayuda y cooperación con la familia, los amigos, los miembros de la tribu, de la comunidad o del pueblo a que se pertenece. El sentimiento de odio lleva a la competencia violenta, a luchar por el vasallaje, a sojuzgar los derechos del otro, a la envidia, la venganza, la agresión y la guerra.
O sea que el ser humano es capaz de nobleza y de maldad, de amor y de odio, de colaboración y de violencia, de barbarie y de civilización. Por fortuna su capacidad racional lo ha llevado a comprender que la barbarie no es el estado deseable para una vida amena y tranquila, porque lo puede llevar a la autodestrucción, al permanente peligro, a estar siempre a la defensiva, manteniendo una economía de guerra que deja muy pocos recursos para el mejoramiento de la calidad de vida. Por eso, luego de que el hombre inició la vida sedentaria en villas y aldeas, empezó la formulación de sistemas políticos que le garantizaran la convivencia.
Ha sido muy lento el proceso de menguar la violencia hacia lo que se denomina civilización, es decir, una vida pacífica donde se reconozcan los derechos de las personas y de los pueblos. Y es aún un proceso inacabado, porque hoy también los hombres se matan y se ultrajan con igual o más violencia que la empleada por los hombres primitivos en las primeras fases de su evolución sociocultural. Por fortuna, ya se han consolidado gobiernos nacionales que eliminaron las luchas tribales. Además, se está dando un consenso general de rechazo hacia las tiranías y se propende hacia la generalización de los sistemas democráticos donde se respeten los derechos de todos.
Es una evolución cultural que permite ser optimistas sobre el futuro del hombre, porque en muchos países se ha abandonado, en gran parte, la barbarie, y se ha entrado en un proceso de convivencia pacífica que cada vez hay que profundizar.
Comienzo de la idea mutualista
Mutualismo significa compartir, ayudar, socorrer. Por eso cuando las tribus primitivas compartían la propiedad, cazaban y recolectaban para todos los alimentos, estaban haciendo mutualismo. Pero este mutualismo primitivo se acabó con el aumento de la población y la competencia que llevó a la propiedad privada y a que unos se apropiaran de los bienes y de la tierra, dejando a muchos desprotegidos y pobres. Entre los miembros de una tribu se practicó el compartir y ayudar, pero no fue frecuente entre tribus diferentes, las cuales se transaban en luchas por la posesión de los territorios y de los alimentos.
La práctica mutualista de unirse para ayudarse en las dificultades se ha generalizado a través de la historia entre grupos afines identificados por actividad, ocupación, raza o religión. Los seres humanos se han unido a través del afecto, la cultura común y la necesidad, y el objetivo de dicha unión ha sido la ayuda recíproca, o sea, el mutualismo. La invención mutualista por excelencia, que perdura hasta nuestros días, consiste en que las personas hacen una contribución para la creación de un fondo común, el cual se utiliza para ayudar a quienes lo necesitan. Es decir, que aportar a un fondo común fue lo que generó y ha hecho perdurar la empresa mutual y además ha servido de inspiración a otros sistemas relativos a la seguridad social.
Entre las organizaciones más antiguas que registra la historia, comprometidas con el aporte para el fondo común, están las que practicaban en Egipto los agricultores para enfrentar las pérdidas que les causaban las inundaciones del río Nilo, y también los artesanos, quienes establecieron lazos de confraternidad para ayudarse en el desempeño de su oficio.
El riesgo de sufrir tragedias, enfermedades y la muerte, ha sido el gran motivador para la ayuda mutua, porque las dificultades de la existencia son las que más estimulan la compasión, la caridad, y la solidaridad. Y como es difícil conseguir donaciones individuales en forma significativa, se ideó el sistema de que cada persona aporte al fondo común para destinarlo a solucionar las dificultades que van teniendo los asociados. De esta forma se crea un patrimonio común, que no es de nadie en particular, y nunca se distribuye según lo que cada uno aporta –como sucede en la empresa capitalista- porque es para practicar el “hoy por ti mañana por mí”. Así las contribuciones de los asociados tienen doble función: ayudan a los que hoy sufren y otorgan el derecho a ser ayudado en el futuro.
El mutualismo en Grecia y Roma
La marcada división de clases sociales que existió entre los griegos y los romanos colocó a los artesanos, los agricultores y a los esclavos en grandes dificultades económicas. Se unieron y crearon entonces organizaciones mutuales para brindarse ayuda en casos de calamidad y muerte. Se tiene conocimiento de los llamados "eranes" y "sunedria" que consistían en fondos creados con aportes periódicos de los asociados, los cuales se utilizaban para socorrer a quienes eran víctimas de desgracias, enfermedades o muerte.
Teofrastos de Lesbos (372 a 288 a. de C) en sus escritos menciona las prácticas mutualistas que se daban en Grecia, muchas de ellas secretas, que se diferenciaban entre sí por la profesión de sus miembros, pero que en general servían para ayudar en los casos de indigencia y calamidad.
Los romanos fueron los primeros en reconocer jurídicamente las organizaciones mutualistas que se denominaron "collegia" y cuya finalidad era la de brindar socorro a sus miembros para los riesgos de la vida y para los servicios fúnebres. Las había para ciudadanos libres y para esclavos. Los estatutos eran elaborados por los mismos asociados y enunciaban los fundamentos de la organización, el régimen de gobierno, la relación de confraternidad y de ayuda mutua. Su organización era libre con ajuste al derecho público y ni siquiera el Emperador podía intervenir en su administración. Tenían gran influencia religiosa ya que eran dedicados a un dios o un santo para quien realizaban actividades de culto.
Estas asociaciones ya se regían por principios como la preocupación por la seguridad de los desposeídos, solidaridad y caridad, responsabilidad del grupo frente a los riesgos de cada persona asociada y cierta autonomía administrativa, además de fines políticos y religiosos como defensa de determinados derechos o culto especial a un santo.
El aporte del cristianismo
Hace dos mil años, cuando Cristo predicó su doctrina, la competencia por dominar territorios era desenfrenada y los pueblos ganadores esclavizaban a los vencidos sin ningún escrúpulo moral. El Imperio Romano se había consolidado como el supremo ordenador de todo el mundo conocido y su organización se fundamentaba en el poder casi absoluto del Emperador. Los hombres superiores eran los romanos y los demás eran considerados inferiores.
Y en este ambiente el cristianismo se atrevió a predicar la igualdad de los hombres, la ayuda al prójimo, la protección al desvalido y el compartir con el necesitado.
Fue un llamado a la comprensión y a la convivencia pacífica con preceptos como:
"no matarás, no hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti, amaos los unos a los otros".
Y es este nuevo mensaje el que ha estimulado a las iglesias cristianas para establecer la beneficencia como parte de su misión, creando hospitales, orfanatos y escuelas para pobres; obras financiadas con donaciones y limosnas de los fieles. La caridad y la beneficencia empezaron a considerarse como un medio para ganar el cielo. Y como los gobiernos apenas a finales del siglo diecinueve empezaron a preocuparse por la seguridad social, la acción de las iglesias cristianas fue el recurso más empleado para brindar a los pobres un mínimo de ayuda y protección en sus necesidades. Y el otro recurso fue el mutualismo que durante la Edad Media fue la inspiración para la asociación de personas que buscaban ayudarse en las dificultades de la vida.
El mutualismo y la beneficencia se inspiran en los mismos sentimientos de compasión, amor, fraternidad y solidaridad, pero son distintos en la manera de operar. El primero se basa en compromiso de los asociados para aportar al fondo común que se aplica en auxiliarse recíprocamen te. En la beneficencia los que poseen bienes hacen donaciones o limosnas para ayudar a quienes carecen de ellos. En las mutuales se realiza la autogestión, o sea una administración conjunta de todos los asociados, en la beneficencia, los donantes se encargan de toda la administración.
La beneficencia es necesaria en las situaciones de pobreza extrema y en las tragedias, pero crea dependencia y produce seres incapaces, perezosos y sin imaginación para el trabajo y la búsqueda de soluciones. En cambio, la asociación para la ayuda recíproca estimula la búsqueda colectiva de soluciones a las necesidades y hace a las personas responsables de su situación y participativas con la suerte de todos. Puede decirse que el mutualismo es una caridad recíproca, todos los asociados aportan para auxiliarse los unos a los otros porque reconocen que todos son sujetos de necesidades: accidentes, tragedias, enfermedad y muerte.
El mutualismo en América
Los misioneros españoles que llegaron a la América en la época de la Conquista y la Colonia trajeron el modelo de los montepíos y cofradías que funcionaban en España. Modelo que sirvió para generalizar el sistema del auxilio mutuo en las parroquias, que consistía en la creación de un fondo común mediante los aportes de los miembros, el cual se utilizaba para ayudar en los entierros de los pobres de la feligresía. Este fondo era administrado directamente por los párrocos sin la intervención de los asociados. Era una actividad propia del qué hacer de la Iglesia y que se limitó a la prestación de un solo servicio, los auxilios funerarios.
Con el tiempo, la idea del auxilio mutuo fue sacada de la tutela parroquial y sirvió para que grupos de artesanos se organizaran para ayudarse, imitando un poco el sistema de las "guildas" medievales. Fue así como el mutualismo se difundió entre la población pobre de centros urbanos limitado a los servicios funerarios.
Más tarde, los inmigrantes europeos que llegaron a Argentina y Chile a comienzos del siglo XX, trajeron el modelo de un mutualismo administrado por los propios asociados y más orientado a crear organizaciones multiactivas de seguridad social, que no se limita a los auxilios funerarios, sino que propendían por servicios médicos, odontológicos, hospitalarios, educación, ahorro, crédito y hasta vivienda. Este mutualismo se perfiló como complemento de la seguridad social que brinda el Estado moderno.
En consecuencia, se dan dos niveles de desarrollo en el mutualismo americano: el que se preocupa por ser una alternativa de seguridad social con la prestación de múltiples servicios en este campo, y otro, que aún sigue ligado al sistema del auxilio mutuo que es restringido sólo a los servicios y auxilios funerarios que fue el que se generalizó en Colombia
El mutualismo en Colombia
A Colombia llega el mutualismo traído por los misioneros, que como se explicó antes, era un sistema manejado por los párrocos, que promovían entre los feligreses el aportar para un fondo que se utilizaba en las ayudas para servicios funerarios de los más pobres. Con el tiempo los seglares se apropian de la idea y crean sociedades de ayuda mutua administradas, ya no por los sacerdotes, sino por ellos mismos. Es decir, de ser una dependencia parroquial, se pasó a una organización de la comunidad.
Igual que en Europa, en Colombia la idea mutualista es inspiradora del sindicalismo porque a mediados del siglo diecinueve se crearon las sociedades de artesanos con doble finalidad: brindar servicios de ayuda mutua y defender su producción amenazada por las políticas de libre comercio con Inglaterra. Estas sociedades fueron muy influenciadas por los partidos políticos e intervinieron en conflictos y guerras donde la mayoría de sus miembros sucumbió.
Con excepción de estas sociedades de artesanos, puede decirse que todo el siglo diecinueve y hasta la década de 1930, no existió en Colombia ambiente propicio para crear entidades solidarias ni tampoco los gobiernos las fomentaron. La guerra no daba tregua y las tensiones entre los partidos tampoco. Además, existía prevención hacia todo lo que fuera asociación porque se consideraba que era subversivo, socialista o comunista es decir, peligroso para el orden político vigente.
Por lo general las sociedades de auxilio mutuo, o enterradoras, como se les denominaba a los fondos que creaban los vecinos para ayudas funerarias, funcionaban como entidades de hecho, sin personería jurídica. La más antigua de que se tenga noticia es la Sociedad de Caridad de Bogotá, creada por 39 artesanos el 6 de julio de 1864 y que vino a obtener personería jurídica en 1889. El objetivo de esta sociedad era prestar ayuda en los casos de enfermedad o de muerte de sus asociados, para tal fin cada uno está obligado a dar una contribución semanal.
Con esta misma orientación se crearon a finales del siglo diecinueve las sociedades de socorros mutuos de Manizales, de Cúcuta y de Bucaramanga. Adscrita a la Fundación San Vicente de Paúl de Medellín se creó una sociedad de auxilios mutuos en esta ciudad. En 1909 se reconoció el primer sindicato de Colombia, que fue la Sociedad de Artesanos de Sonsón, cuyos socios eran sastres y zapateros y fue promovida por la Iglesia.
La década de 1920 es importante en la evolución del país porque se da un gran desarrollo de las obras públicas y se inicia la industrialización. Entonces se produce alta migración de campesinos a las ciudades y se empieza a conformar la clase obrera, que inicia su actividad política a través del sindicalismo y de los partidos socialista y comunista.
El hecho de que los obreros urbanos obtuvieran mejores ingresos que los campesinos y que tuvieran mayor concentración por ser compañeros de trabajo o vivir en un mismo barrio, permitió la práctica de la "natillera", o sea, el grupo de amigos o vecinos que se comprometían a ahorrar para repartirse el dinero en diciembre.
Estas "natilleras" dieron origen años después a los fondos de empleados y también alas cooperativas.
Luego en la década del treinta, el gobierno se interesó por la promoción del sistema cooperativo que estaba teniendo mucho éxito en Europa y que se consideró útil para apaciguar el malestar social que existía y para contrarrestar las influencias del comunismo, que, para la época, provocaba mucho entusiasmo después del triunfo de la revolución rusa en 1917
Así el cooperativismo será el sistema asociativo que más impulsarán los gobiernos, luego se preocuparán por los fondos de empleados y en 1960 lo harán por la acción comunal. Las mutuales, a pesar de venir desde la colonia, serán ignoradas por los funcionarios gubernamentales y no han tenido programas de difusión estatales, pero siguieron funcionando silenciosa e informalmente, casi todas sin personería jurídica y con sistemas administrativos muy rudimentarios.
Reflexión
Como en ambos sistemas tanto el Socialista como el Capitalista, el Estado es impotente para dar bienestar completo, entonces las personas deben ayudarse creando empresas mutuaes o en general de economía solidaria, que les gestionen los servicios que ellos necesitan para su mejoramiento.
Las formas asociativas cobran ahora singular importancia y están llamadas a comprometer a los ciudadanos en la solución de sus necesidades. El mutualismo tiene en la actualidad más validez que nunca porque se ha perfilado a lo largo de la historia como el movimiento más sensible frente al sufrimiento humano y el que más ha invocado la ayuda recíproca.
Que en Colombia el mutualismo ocupe el último lugar entre las entidades solidarias no debe desestimular a trabajar por difundirlo. Por el contrario, este es un motivo importante para impulsarlo porque está surgiendo en el país y en el mundo una gran preocupación por la seguridad social, y el Estado solo es incapaz de brindarla a toda la población. Fracasó el socialismo y el capitalismo tampoco ha logrado avances significativos en los países del Tercer Mundo, entonces hay que recurrir a las organizaciones solidarias para complementar la acción de los gobiernos.
Es imperativo seguir formulando políticas gubernamentales para que las clases populares obtengan seguridad social, pero también es necesario que las comunidades se ayuden en este propósito y para ello el sistema mutual es un excelente recurso. En los sectores populares la asociación mutualista tiene mucha aceptación porque se basa en sentimientos y creencias muy arraigados frente a la muerte y porque cada vez más se requiere protección para los riesgos y necesidades de la existencia.
Además, la forma mutualista permite un manejo más flexible para el ingreso y retiro de asociados, lo cual facilita la administración entre personas de la economía informal que presentan mucha movilidad laboral. La estrategia que se debe aplicar hacia el futuro es no limitar la mutual al servicio funerario, sino llevarla a crédito, ahorro, seguros, protección al niño y al anciano, salud, recreación y educación.
El mutualismo ha sido el abanderado de la idea de la seguridad social solidaria entre el pueblo donde se carece tanto de ella y, además, de fomentar la cultura de convivencia y de previsión. Por ello este sistema tendrá que retomar sus banderas y trabajar mancomunadamente con las demás entidades solidarias para producir una vida más digna y placentera para todos los hombres.
Bibliografia
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Enciclopedia Británica. Buscar Guildas
TULANDE, Rene. La Mutualite Francaise. Pascal Beu. Ediciones Ramsay. 1984 cap.3