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“SOLIDARIDAD” la palabra más repetida durante esta pandemia

 

Y yo  siento mucha complacencia, como dicen los jóvenes, “un fresquito”, por esa repetida solicitud de Solidaridad que hacen gobernantes, dirigentes, periodistas, columnistas, predicadores religiosos y muchos  en las redes.   Anhelo que  esta pandemia sea aprovechada para “contagiar”, sí contagiar  con  Solidaridad nuestra cultura, en lo familiar, comunitario y político. Llegó el momento para aceptar que somos la Gran Familia Humana y que tenemos el reto de superar, no solo esta pandemia, sino otras que vienen desde el pasado como el deterioro del medio ambiente, el egoísmo entre personas, pueblos y naciones, el desempleo, la miseria, la ignorancia, el despilfarro, la drogadicción. Y para lograrlo se necesita mucha, muchísima Solidaridad.

 

La Solidaridad tiene dos modalidades y ambas indispensables:

  • La solidaridad de caridad, beneficencia, o filantropía que es ejercida por los que tienen bienes, son generosos y deciden ayudan a otros que carecen de bienes, padecen pobreza, tragedias o dificultades. Ha sido ampliamente difundida por las religiones que la promueven como donaciones individuales y que se puede plasmar en empresas de economía social o colaborativa como fundaciones o corporaciones
  • La solidaridad mutualista o de ayuda recíproca parte de la unión de grupos o comunidades, que conscientes de la inminencia de los riesgos del vivir, se organizan para prevenirlos y enfrentarlos mediante ayuda recíproca. Se materializa cuando un grupo o comunidad es consciente de que en forma individual las personas no puede solucionar sus problemas, entonces se unen aportando esfuerzos y recursos para crear empresas de economía solidaria: mutual, cooperativa, fondo de empleados, asociación y otras.

Todos  deberíamos ser solidarios en las dos modalidades:de un lado  dispuestos a ayudar y a compartir con los pobres y necesitados, y de otro dispuestos a asociarnos con los demás para crear sistemas de prevención de riesgos, de servicios y apoyar procesos de bienestar y mejoramiento en las comunidades a las que pertenecemos.

La Historia muestra que se ha pregonado más la solidaridad caritativa porque las religiones la han valorado como medio seguro para ganar el cielo o trascender a otras vidas después de la muerte. Por fortuna estas creencias han ayudado al proceso de humanización, sensibilizado la especie para abandonar la barbarie y la crueldad y adoptar la compasión, la hermandad, el altruismo, aunque siempre con la pervivencia de guerras, dominación, exclusión. Por fortuna en todas las épocas, miles de hombres y mujeres se han dedicado servir a los necesitados para rescatarlos de la esclavitud, la  pobreza o aliviarles las calamidades. Son los santos o los héroes cuyo ejemplo induce a la admiración y constituyen ejemplo de los valores humanos que nos deben caracterizar como especie. En mi libro. “Por la ruta del Mutualismo y del Dinero” dedico dos capítulos a exaltar personas que a pesar de la guerra mantuvieron el valor de la compasión y otros que soñaron con un mundo sin pobreza.

La evolución de los humanos ha sido muy desigual porque ciertos países y grupos han tenido más habilidad para acumular y en gran medida lo hicieron mediante dominación y explotación. Entonces las religiones han tratado de aminorar situaciones de extrema pobreza promoviendo la solidaridad caritativa. Hasta hace unos 200 años, cuando se empezó a instaurar la democracia y los estados iniciaron políticas de seguridad social, fueron las comunidades religiosas las que se encargaban de la asistencia a los pobres en salud y educación. Los gobiernos modernos han asumido políticas de asistencia social, que seguirán siendo insuficientes para cubrir toda la población necesitada, o sea que queda inmenso espacio de acción para acciones y empresas de solidaridad caritativa.

La solidaridad mutualista fue una práctica natural que acompaño a los humanos cuando nómades vagaban por las selvas en grupos de familias, apoyándose para conseguir la subsistencia y defenderse de las amenazas de las fieras. Al llegar el sedentarismo se avanzó a lo que llamamos civilización, viviendo congregados en ciudades y pueblos. Surgieron las desigualdades porque los que tenían mayor capacidad de acumulación crearon monarquías que dominaban y explotaban a los esclavos y a los más pobres. Entonces los esclavos y pobres apelaron a la solidaridad mutualista, se unieron e idearon organizaciones para protegerse,  empezaron por ayudarse en la muerte, que es tal vez la dificultad más temida por nosotros los humanos. ¡Y sino veamos cómo hoy nos está asustando el cornavirus! Dado que ha sido mínimo el interés por conocer las organizaciones de los pobres como las mutuales, a pesar de que en muchos países han existido y en Colombia han tenido larga tradición en barrios populares, es general la ignorancia sobre cómo opera la solidaridad mutualista, a pesar de que originó los procesos culturales y políticos que iluminaron pensadores sociales para idear la democracia como sistema de gobierno. Un estado democrático está concebido como una Gran Mutual porque asocia ciudadanos que aportan esfuerzos y recursos para convivir en paz en un territorio.

Hoy en el mundo se está viviendo una calamidad que requiera mantener e incrementar las dos modalidades de solidaridad, tanto la caritativa como la mutualista. Veamos:

La caritativa porque las desigualdades existen y se van a acentuar. Personas pudientes y empresas privadas, bien por humanismo y sensibilidad, o por exigencias tributarias, han creado organizaciones filantrópicas, colaborativas o de asistencia. Y es innegable lo importante y benéficas que han sido y lo que están siendo en estas circunstancias. Por eso es deseable que la solidaridad caritativa siga y se mantenga. Es muy positivo conocer de cantantes y futbolistas de éxito hablar de sus fundaciones, igual que a empresas capitalistas promover la responsabilidad social.

Y también es indispensable la solidaridad mutualista porque es una convocatoria para que las comunidades, no necesariamente las más pobres, ya que todos los grupos humanos tienen que unirse para solucionar las dificultades que les afectan. Dificultades que no son solo la muerte, también salud, ahorro, crédito, empleo, medio ambiental, agua, comercialización, producción transporte, recreación y muchas más. Me alegra cuando escucho a los dirigentes pedir, y ahora con las medidas de confinamiento, apelar a la solidaridad mutualista. La frase: “yo me cuido, tú me cuidas, nosotros nos cuidamos”, es síntesis completa de solidaridad mutualista.

Incentivar la Solidaridad en sus dos modalidades requiere educación.  Se precisa arraigar en el sentir y actuar de las personas valores humanos de compasión y de hermandad. Y hay que avanzar en los valores para la solidaridad mutualista, que además de los anteriores, precisa inculcar disposición para el compromiso comunitario, la participación, la organización, la autogestión. Si bien es cierto que en situaciones de calamidades y pobreza la solidaridad caritativa es necesaria, no es conveniente que las personas se acostumbren a recibir sin contraprestación, hay que inducilas a asumir deberes como sujetos que son de su propio mejoramiento, lo cual es la esencia de la solidaridad mutualista.

En la economía son bien diferenciados los dos sectores solidarios: el caritativo y el mutualista. Lo ideal es que ambos se involucran como actores esenciales en el objetivo de avanzar hacia una Civilización Solidaria que es lo que esta pandemia nos está demostrando como urgente y necesario.

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